Como toda red, esta organización dedicada a la promoción y a la explotación sexual de menores, según la investigación, tenía un mecanismo para cumplir su fin. Estos son algunos de los engranajes que figuran en el expediente que lleva adelante el fiscal Agustín Chit:
Eduardo Made (foto), el empresario tucumano radicado en Miami, Estados Unidos, se habría contactado en enero con una adolescente de 15 años. También la habría utilizado para que la contactara con otras menores de edad para que hicieran lo mismo.
Las víctimas, según consta en el expediente, confirmaron que los encuentros sexuales se registraron cada vez que el empresario viajaba a nuestra provincia. Chit probó que Made viajó a Tucumán en enero, abril y mayo. En las dos primeras visitas se habría configurado el delito, mientras que en la última fue detenido.
Según la investigación, el acusado les podría haber pagado entre $5.000 y $2.000 a las adolescentes para tener relaciones sexuales. No se descarta que las haya ofrecido a terceros en encuentros que se podrían haber concretado en ese hotel u otro de la capital.
La elección de las menores no era casual. La mayoría de ellas, de acuerdo al expediente, provenía de hogares con conflictos familiares o que tenían algún tipo de problema económico. También se conoció que una de ella había tenido una historia de abusos. El fiscal tuvo en cuenta el estado de vulnerabilidad de las adolescentes para realizar la acusación contra el empresario.
Hasta el momento, los investigadores pudieron identificar a siete víctimas, pero podrían ser más. Ellas y sus familias están siendo contenidas por los especialistas de la fundación María de los Ángeles.
Made es un empresario que está radicado hace varios años en Miami. Según los investigadores, hacía gala de su situación económica y del poder que había acumulado en los últimos años.
Las víctimas, de acuerdo a los registros fílmicos, la mayoría de las veces ingresaban por la playa de estacionamiento acompañadas por el sospechoso. De allí subían en el ascensor hasta el piso donde estaba alojado. Algunas permanecían entre dos y tres horas, aunque hubo casos en el que quedó demostrado que pernoctaban en el hotel. El imputado las acompañaba hasta el ascensor y ellas se retiraban solas.
Un tercero era el encargado de abonar el dinero pactado a las dos adolescentes, en la calle.
Al menos una de las damnificadas reconoció que el empresario les tomó fotos íntimas cuando estaban con él. También las habría utilizado para amenazarlas con viralizarlas si llegaban a denunciarlo. Además, las habría amenazado con generarles problemas a sus familiares.
De acuerdo a las pruebas recolectadas, Chit consideró que las víctimas no se atrevían a denunciarlo porque sospechaban que era un hombre poderoso y que “no le harían nada”.